La
estadística de los accidentes de circulación.
Conforme a la Orden de la Presidencia de Gobierno
del día 18 de febrero de 1.993, la Dirección General de Tráfico confeccionará
la estadística de los accidentes de circulación con la colaboración de la
Guardia Civil, de las Policías Autonómicas y de las Policías Locales.
Para ello,
los funcionarios policiales referenciados que intervengan en un accidente de
circulación, deberán contestar un cuestionario estadístico. Tras la oportuna
revisión a fin de evitar posibles omisiones o errores, lo remitirán
directamente a las Jefaturas Provinciales de Tráfico correspondientes dentro
de los cinco días siguientes al accidente.
En el caso
de accidentes con víctimas, esa remisión nunca se realizará antes de haber
efectuado un seguimiento del estado de los heridos durante las primeras
veinticuatro horas, a fin de poder determinar si, a efectos estadísticos, se
trata de un fallecido en accidente de circulación dentro de las veinticuatro
horas o de un herido grave o leve.
Las
Jefaturas Provinciales de Tráfico, tras la oportuna revisión, remitirán a
los órganos periféricos competentes del Ministerio de Fomento, una copia del
cuestionario dentro de los cinco días siguientes al de recepción del mismo y
antes de los quince días de ocurrido el accidente deberán introducir los
datos que contiene en los ficheros informáticos de los Servicios Centrales de
la Dirección General de Tráfico.
La Dirección
General de Tráfico publicará, al menos anualmente, los resultados estadísticos
derivados de los cuestionarios.
El
alcohol.
El alcohol
etílico es uno de los elementos que con mayor frecuencia intervienen como
causa principal de la producción de accidentes de circulación, y es que, de
forma unánime, se considera que la presencia del alcohol en las distintas
partes del organismo produce alteraciones más o menos graves, pero todas ellas
influyentes de manera notable sobre la seguridad del tráfico.
En
consecuencia, cuando se produce un accidente de circulación es indispensable
realizar el estudio sobre la alcoholemia de los conductores intervinientes y,
muchas veces, sobre las propias víctimas.
La
presencia de alcohol en el organismo produce trastornos psíquicos y físicos.
Los
trastornos psíquicos conllevan la verborrea, el afán de hablar, la
supervaloración de la propia capacidad y el deseo de manifestarla, y junto con
estos caracteres, existe disminución de la inhibición, apareciendo las
cualidades negativas, tales como la grosería, las faltas de respeto, etc.
Los
trastornos físicos pueden ir desde una ligera falta de coordinación muscular
y la ausencia de respuesta a los estímulos, a la disminución de la
sensibilidad al dolor, los vómitos, inseguridad en la pisada, incoordinación
muscular, etc.
Hay varias
pruebas para comprobar la alcoholemia por la falta de equilibrio y coordinación.
Algunas de ellas son las siguientes:
a)
La prueba de Romberg: Situado el individuo en estudio con los pies
juntos, las manos extendidas hacia delante y cerrados los ojos, tiende a caer.
La vacilación en las personas normales es leve, aumentando con la presencia
del alcohol.
b)
Sobre una línea trazada en el suelo, andar con los ojos vendados y los
brazos en alto, poniendo un pie justo delante de otro.
c)
Juntar los dedos índices de cada mano, estando con los ojos cerrados y
partiendo de los brazos extendidos hacia abajo.
d)
Juntar con el dedo índice de una mano con la nariz, estando con los
ojos cerrados.
Cuatro son
los sistemas más normales de la investigación de alcoholemia, a saber:
a)
El análisis de aire espirado.
b)
El análisis de orina.
c)
El análisis de saliva.
d)
El análisis de sangre (es el más exacto).
A ingerir el
alcohol, éste pasa al estómago y de aquí, por un proceso de simple difusión,
pasa a través de la mucosa gástrica, difundiéndose en forma casi inmediata
por el resto del organismo, difusión que puede retardarse por distintas
causas, como la presencia de alimentos, el que la bebida no sea carbónica,
etc.
El cuerpo
humano, ante la invasión del veneno que supone el alcohol etílico, reacciona
para su eliminación, parte por los riñones y los pulmones y en mayor proporción
por oxidación, a través del sistema enzimático, que llega a eliminar dos
miligramos por minuto y kilo de peso del individuo, llamándose a esta cifra
coeficiente de etiloxidación, y que puede estar influido por algunos factores
individuales, aunque las variaciones sobre la cifra dada son mínimas.
Todo este
proceso da lugar a lo que se conoce con el nombre de “curva de
alcoholismo”, en donde pueden apreciarse claramente tres fases distintas, a
saber:
a)
Una línea ascendente: La línea ascendente es muy rápida y su
verticalidad depende de la cantidad de alcohol ingerido, el tipo del mismo, la
presencia de alimentos en el estómago, etc. Las bebidas de alto índice de
contenido alcohólico y las gaseosas, tipo champaña, dan mayor verticalidad a
la curva, es decir, producen mayor facilidad en la reabsorción. Sin embargo,
la presencia de alimentos en el estómago retrasa la reabsorción, y por los
tanto, inclina la curva de alcoholemia.
b)
Una cima o vértice: Cuando el alcohol alcanza su máxima concentración
es el momento en que llega la compensación entre la reabsorción y la difusión,
es decir, entre la intoxicación y la desintoxicación simultánea.
c)
Una línea descendente: Así como la línea ascendente o de intoxicación
suele ser brusca, casi vertical, la de desintoxicación es muy oblicua y
significa la eliminación paulatina del tóxico. En el supuesto de libaciones
frecuentes, la línea descendente puede irse quebrando, y si la repetición se
multiplica, ascender de manera notable por pura acumulación. Esto es lo que
ocurre con los alcohólicos crónicos, pues la ingestión de alcohol es
superior a la desintoxicación normal, por lo que nunca llega a producirse ésta
totalmente. Se estima que la eliminación viene a ser de 0,0024 gramos por
minuto, equivalente a 0,144 gramos a la hora.
Curva
de alcoholismo
Finalmente,
cabe señalar que cuando la Policía Local efectúe la prueba de alcoholemia a
una persona, deberá cumplimentar el parte estadístico de alcoholemia por cada
prueba que se realice, tanto si el resultado es positivo como negativo, expresándose
el mismo, debiéndose cumplimentar también en caso de negativa y remitirse a
la Jefatura Provincial de Tráfico correspondiente de la forma siguiente:
a)
Controles preventivos: Mensualmente.
b)
Controles por accidentes de circulación: Junto con el parte estadístico
de accidentes.
c)
Controles por infracciones a las normas de circulación: Unido al
correspondiente boletín de denuncia.
Los puntos negros.
Conforme al “Manual de Tráfico para la Policía
Municipal” editado por la Dirección General de Tráfico, se llaman puntos
negros a aquellos lugares donde se concentran los accidentes. En España, un
punto negro se constituye cuando ha ocurrido un mínimo de tres accidentes en
un año.
Existen cuatro clases de puntos negros, a saber:
a)
De primera: Aquellos puntos en los que se han registrado tres o
más accidentes durante tres años consecutivos.
b)
De segunda: Aquellos puntos en los que en un año se
registran seis o más accidentes.
c)
De tercera: Aquellos puntos en lo que en un año se registran cuatro
o cinco accidentes.
d)
De cuarta: Aquellos puntos en los que en un año se registran
solamente tres accidentes.
Esta clasificación pretende establecer un orden
de lugares peligrosos al objeto de atender a los distintos puntos negros que se
van detectando con un criterio de prioridad.
Cuando un punto negro se detecta, debe pensarse
que existe un motivo especial para que se repitan los accidentes precisamente
allí, y no en otro lugar, por lo que deben buscarse estos motivos.
Las fuentes de datos de estudio de un punto negro
son fundamentalmente dos:
a)
Análisis minucioso de los cuestionarios de accidentes.
b)
Detallada inspección ocular del lugar u de su área de influencia.
Analizando los cuestionarios de accidentes y
comparándolos entre sí, se deben detectar denominadores comunes de los mismos
como que ocurran la mayoría de noche, que sean producido por un giro a la
izquierda, que abunden los alcances, etc.
En el lugar del accidente se comprobarán la señalización,
los sentidos de circulación, la intensidad del tráfico, las maniobras
permitidas, la anchura de los carriles, la visibilidad de las esquinas y la
influencia de calles cercanas.
Tras ambos análisis, el técnico vial debe
investigar la posibles relación entre las repeticiones observadas en los
accidentes y las anotaciones in situ, tras lo cual se estará en
condiciones de proponer mejoras de seguridad que pueden consistir en implantar
algún sentido único, ordenar las prioridades en los cruces mediante la
necesaria señalización, construir pasos elevados o subterráneos para vehículos
o peatones, prohibir el estacionamiento en un determinado tramo, prohibir la
circulación de un determinado tipo de vehículos, etc.
Normalmente, un punto negro no se soluciona
adoptando una sola medida, sino que hace falta combinar varias de ellas.